Por Pedro A. Talavera Fernández Catedrático Filosofía del Derecho Universitat de València
Mary Ann Glendon es actualmente Profesora Emérita de la Facultad de Derecho de la Universidad de Harvard. El 7 de octubre de 2024 cumplió 86 años y, a día de hoy, puede considerarse la mujer jurista más reconocida e influyente en la historia de los Estados Unidos. Su figura reúne tres atributos que son muy poco frecuentes en el mundo jurídico anglosajón: es una autoridad científica y académica, especialmente en Derecho comparado, Derecho de familia, Derecho Internacional y Derechos Humanos; ha estado siempre comprometida en causas sociales, luchando contra la segregación racial, pero también contra el aborto o la ideología de género; y ha hecho siempre gala de su fe católica, tanto en su vida personal como en su acción pública, siendo pionera en desempeñar cargos de responsabilidad en el Vaticano que nunca habían sido encomendados a una mujer. Su interesantísima biografía nos permite conocer a una mujer de singular inteligencia, con una inequívoca vocación universitaria, que nunca se ha plegado a los estereotipos y que siempre ha antepuesto sus convicciones a los cantos de sirena que continuamente la han llamado a los altos puestos de la política, a cambio de ceder ante el sistema. Por todo ello, la profesora Glendon es un referente indiscutible para el mundo jurídico y un ejemplo paradigmático de coherencia entre la fe y la vida personal y profesional.
- Una jurista comprometida con su fe, con su familia y con la justicia
En la primera parte de su último e interesantísimo libro, ‘In the Courts of Three Popes: An American Lawyer and Diplomat in the Last Absolute Monarchy of the West’ (en su traducción española: En la Corte de Tres Papas, Rialp, 2024) cuenta muchos detalles de su infancia y juventud, y describe cómo se fue forjando en una adolescente su vocación académica y su compromiso social. Mary Anne Glendon nació el 7 de octubre de 1938 en Berkshire County, una pequeña ciudad al oeste de Massachusetts. Su abuelo, Theodore Pomeroy, era el presidente del comité republicano de la ciudad, sin embargo, su padre, Martin Glendon, era periodista del Berkshire Eagle, demócrata y presidente de la junta demócrata local: el primer demócrata católico irlandés en ser votado para ese cargo. Glendon afirma que gran parte de lo que es y de lo que piensa se lo debe a que tiene una mitad irlandesa y otra mitad yanqui. Se considera auténticamente “híbrida» y presume de reunir en ella ambas tradiciones. Sin embargo, su primera orientación política estuvo con el partido demócrata: “Nunca se me ocurrió ser otra cosa que demócrata, porque para mí significaba el partido del trabajo, la familia, la iglesia y la comunidad”. En las elecciones presidenciales de 1960, Glendon tenía 22 años y votó por primera vez y con entusiasmo por John F. Kennedy.
En sus años de juventud se distinguió por su compromiso con los derechos civiles, algo que ha constituido el núcleo de sus trabajos académicos. Glendon ha analizado y elogiado siempre el famoso fallo de la Corte Suprema de los Estados Unidos, de 1954, en el caso Brown vs. Board of Education, que estableció el fin de la segregación racial en las escuelas públicas. Cuenta que, cuando tenía 9 años, sus padres la llevaron a ella y a sus dos hermanos a Carolina del Norte para que comprobaran de primera mano los efectos de la segregación en la vida cotidiana. Para ella fue impactante y confiesa que jamás lo ha olvidado. A partir de ahí fue creciendo su decisión de estudiar Derecho y de luchar con el Derecho contra la discriminación racial.
En 1963, cuando tenía 25 años, había culminado el Bachelor of Arts (BA), el Juris Doctor (JD) y el Master of Comparative Law (CLM) en la Universidad de Chicago y había realizado una estancia en Bruselas, en la Comunidad europea, y había trabajado en su gabinete jurídico. En ese año fue contratada como asociada en Mayer, Brown and Platt, una de las firmas de abogados más importantes de Chicago. Glendon fue la segunda mujer que contrató ese bufete. En el verano de ese año, junto a su hermana menor, participó en la ‘Marcha sobre Washington’ encabezada por Martin Luther King y escuchó en directo su famosísimo discurso ‘I have a dream’. A los pocos meses, Glendon dejó su trabajo en Chicago y se trasladó a Jackson, en Mississippi, para trabajar como voluntaria en un grupo de abogados dedicados a representar a las personas negras, en especial para su inscripción como votantes, y defendiendo en los juzgados a los activistas de derechos civiles que eran continuamente encarcelados. Ese verano del 63 los graves disturbios acontecidos en ese Estado originaron a la famosa frase de ‘arde Mississippi’ (que dio título a la conocida película de Alan Parker protagonizada por Gene Hackman). Glendon ha contado muchas veces en sus conferencias el miedo que tenía a conducir sola por las carreteras de Jackson, ya que muchos coches eran arbitrariamente detenidos por encapuchados y sus conductores asesinados impunemente.
Glendon vivió en Mississippi dos años, se casó civilmente con un joven abogado negro, y juntos regresaron a Chicago en 1966, donde ella retomó su trabajo en Mayer, Brown and Platt. No obstante, Glendon sostiene en esa especie de autobiografía que, a pesar de las exigencias de vivir y trabajar en una gran ciudad, el catolicismo y el estilo de vida rural, han sido siempre referentes absolutos de su vida. Hasta el punto de que su fe en el partido demócrata se fue resquebrajando por el giro urbano y anticatólico que sus dirigentes fueron tomando y sus posturas abiertamente favorables a cuestiones como el aborto o la eutanasia, que chocaban frontalmente con sus principios morales. Sin embargo, esto no cambió su orientación política hacia los republicanos, porque, según afirma, ella nunca ha estado cerca de los magnates y de las grandes empresas con su descarada influencia en las decisiones políticas. Esto la llevó a autodefinirse como ‘independiente’ y así sigue.
En 1966, dos años después de su estancia en Mississippi y un año después de casarse, su vida personal sufrió dos duros embates. Su padre murió de cáncer con 56 años, cuando a ella apenas le faltaban dos semanas para dar a luz a su primera hija. Y unos días después del parto su marido la abandonó. Ni siquiera fue a verla al hospital. En esa tesitura, Glendon se vio sola, madre soltera y con una hija mestiza: la peor de las situaciones para una mujer en esa época y en una sociedad como la norteamericana. Sin amilanarse ante esa realidad ni hundirse emocionalmente, afrontó el cuidado de su hija teniendo que compatibilizarlo con horarios extenuantes de trabajo en un bufete que le exigía, como joven asociada y para evitar el despido, plena dedicación.
Tras pasar dos años sometida a un ritmo de vida frenético y ya poseedora de un notable bagaje jurídico, decidió recuperar su vocación universitaria. En 1968 fue contratada por la Facultad de Derecho del ‘Boston College’ en Massachussets. A partir de aquí Mary Anne Glendon se centró en su carrera académica y consolidó su relación con Edward R. Lev, un abogado con el que trabajaba en el bufete de Chicago. Se casaron canónicamente en 1970, tuvieron una hija, Katherine, en 1971 y adoptaron a otra, Sarah, en 1973. Glendon confiesa que criar a tres hijas, desarrollar su trabajo en la Universidad, participar activamente en los movimientos contra la guerra del Vietnam y su implicación jurídica en el caso Watergate, no le dejaron un solo segundo libre en su vida para atender a las ofertas de cargos políticos. Por eso, quienes la conocieron en esa época, como Roger Conner, presidente de la Alianza Estadounidense de Derechos, afirman que Glendon podría haber tenido una brillante carrera en la política si no hubiera fijado como prioridad absoluta en su vida, la universidad y la familia. Siempre fue difícil -dice- sacarla de Boston porque nunca estuvo dispuesta a sacrificar estudio y familia para viajar continuamente y promocionarse. En esos años, ella y su esposo, que era socio de un gran bufete de Boston, cumplieron a rajatabla su compromiso de llegar a casa a las 5 de la tarde para estar con la familia.
Durante esos 4 años, la fama de Glendon como docente y sus escritos se difundieron en el mundo del Derecho. De ahí que, en 1974, seis años después de iniciar su carrera en Boston College, la universidad de Harvard le propuso impartir docencia un año allí, como paso previo a contratarla de manera permanente. Fue otra de sus grandes decepciones. Transcurrido ese año, Harvard le comunicó que no podían contratarla porque, tres hijas pequeñas a su cargo suponían “demasiadas exigencias familiares”. Esto supuso para Glendon una gran humillación. Regresó al Boston College (lo que en el argot universitario norteamericano se denomina juzgar en ‘ligas menores’) y allí paso los siguientes 12 años de su vida, hasta que en 1986 su fama como jurista llevó a Harvard a ofrecerle de nuevo un contrato permanente en la Facultad de Derecho como Learned Hand Professor. Puesto que ha ocupado hasta la actualidad.
- Pasión por el Derecho, pasión por la verdad: ‘no existe el derecho constitucional al aborto en USA’
Su producción jurídica aúna sus dos grandes pasiones tanto en lo personal como en lo académico. En lo personal, la familia, a la que considera la clave antropológica de la sociedad y la clave jurídica del Estado y del Derecho, por lo que debe ser protegida y cuidada con esmero por la ley. En lo académico, la legislación comparada, en la medida en que el conocimiento de las diversas tradiciones jurídicas permite entender y discernir el punto donde convergen la razón ética y la razón jurídica. El Derecho internacional y los derechos humanos no son más que la expresión material de ese punto de convergencia. Y ella lo subraya en todas sus obras.
En la década de los ochenta, momento en el cual se produce una convulsión social y jurídica de la familia, tanto por la transformación radical de su marco legal, como, en especial, con motivo de la declaración del aborto como derecho constitucional, Glendon trabaja infatigablemente y publica varias obras que se erigieron como referencias en la materia, The New Family and the New Property (1981); Comparative Legal Traditions (1985); Abortion and divorce in western law (1987), que ganó el premio ‘Scribes Book Award’ otorgado por la ‘Sociedad Americana de Escritores en materia jurídica; The Transformation of Family Law (1989) que también fue reconocida con el máximo galardón de la Legal Academy, el ‘Order of the Coif Triennial Book Award’ en 1993; Rights Talk: The Impoverishment of Political Discourse (1991).
En estas obras, y de manera especial, en las tres últimas, Glendon analiza las legislaciones entonces vigentes en los países occidentales relativas a la familia, fijándose particularmente en el aborto como su reflejo más sobresaliente. Su conclusión al respecto resulta demoledora: los Estados Unidos eran el único país occidental que consideraba el aborto como un derecho. Considera Glendon que plantear el aborto en clave de conflicto entre el derecho de la mujer a su propio cuerpo y el derecho a la vida del feto es un grave error que impide llegar a un consenso razonable en el que se protejan los bienes fundamentales de ambos, como sucedía en la legislación europea de entonces. Glendon critica con dureza la sentencia Roe vs. Wade (1973), impugna ética y jurídicamente su fundamento y la constitucionalidad de ese derecho, y la acusa de ser un “descarado abuso de poder por parte de la Corte Suprema, que se puso al servicio de una causa política”. Medio siglo después, la Corte Suprema ha venido a darle la razón revocando la doctrina establecida en aquella sentencia y reconociendo que la Constitución de los Estados Unidos no reconoce el aborto como derecho constitucional.
Por otra parte, Glendon se opone a que la mujer deba ser castigada penalmente por ello. Entiende que es ingenuo pensar que la solución para disminuir los gigantescos números de esta práctica está en la amenaza penal. Sostiene que la mujer es siempre una víctima y, por ello, apela a la necesidad de establecer programas de educación y de apoyo a la maternidad y a las mujeres que se encuentran en situaciones difíciles. También denuncia el ‘lado oscuro’ del movimiento ‘pro-choice’, que ampara, bajo una supuesta defensa de la libertad de decidir sobre el propio cuerpo, sobre todo a hombres que no quieren asumir la paternidad, a empresas que se benefician de la ‘industria del aborto’, e incluso a quienes ven en el aborto una forma de control de natalidad de las clases bajas o marginales.
Debido a la trascendencia jurídica de sus trabajos, en 1991, fue elegida Presidenta de la International Association of Legal Science (Asociación Internacional de Ciencias Jurídicas) patrocinada por la UNESCO.
- Primera mujer en presidir comisiones pontificas y representar al Vaticano
Toda esta importante producción jurídica y su trascendencia en el mundo anglosajón llamó la atención del papa Juan Pablo II que, en 1994, la llamó para formar parte de la recién creada Academia Pontificia de Ciencias Sociales. Era la primera mujer en la historia en formar parte de un órgano de la Santa Sede (del que 10 años más tarde, en 2004, pasaría a ser su presidenta). Pero su trayectoria no quedó ahí, puesto que un año más tarde, en 1995, en otra revolucionaria decisión, el Papa la designaba representante del Vaticano en un foro internacional, con no poca polvareda en las instancias internas de la curia.
En efecto, Mary Anne Glendon ocupó las portadas de la prensa mundial poque fue nombrada responsable de la Delegación de 22 expertos de la Santa Sede en la famosísima ‘Conferencia Mundial de la ONU sobre la Mujer’ en Beijing. Por primera vez en la historia una mujer representaba al Vaticano en uno de los foros internacionales que estaba llamado a tener una repercusión determinante en la nueva orientación de los movimientos feministas (ideología de género) y en todas las materias relativas a la denominada “salud sexual y reproductiva” (aborto y medios anticonceptivos) y a los denominados “derechos reproductivos” (fecundación in vitro y gestación subrogada). Romper con una tradición de siglos, en la que sólo sacerdotes (o varones laicos en casos aislados) podían representar al Vaticano, da cuenta de la enorme valía personal y jurídica de esta mujer.
Glendon denunció -y sigue denunciando- un feminismo radical y desnortado, que lejos de abanderar la causa de la igualdad de la mujer aboga por su disolución, cruelmente deglutida entre las fauces de la ideología de género. Abominar de la maternidad y de la familia supone, para ella, abonar la definitiva desintegración y deshumanización de la sociedad. Para Glendon, luchadora desde su juventud por los derechos humanos y los derechos de la mujer, resulta paradójico que sean las propias mujeres quienes pretendan abolir la propia identidad femenina.
En este mismo periodo también sería nombrada para formar parte de diversas comisiones del Vaticano como el CRIOR, un Comité de Investigación y mejora sobre el IOR, el Banco Vaticano, que hubo de afrontar diversos escándalos financieros. También fue designada como ‘experta’ para participar en el Sínodo de los Obispos sobre América.
Sus buenos oficios en estos cometidos y su prestigio profesional y personal le llevaron a ser nombrada Embajadora de los Estados Unidos ante la Santa Sede entre 2007 y 2009. En 2005 recibió la National Humanities Medal., que otorga la US Embassy to Holly See. En 2008 recibió la Medalla de Oro al Mérito de la Cultura Católica. En 2009 recibió el Proudly Pro-Life Award por su defensa de la vida del no-nacido.
Todos los entresijos de su fecundo itinerario en la Santa Sede, Glendon lo ha narrado de manera extraordinaria en su última publicación: En la corte de tres Papas (Rialp 2024).

En este libro describe, con mirada original, los papados de Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, analizando su intervención en acontecimientos clave en la historia reciente. Ellos introducen a la Iglesia en el tercer milenio, y lo hacen pidiendo perdón por los abusos del clero y promoviendo una nueva posición de la mujer. Glendon aborda los problemas que afronta la Iglesia hoy: el lugar de la fe en la política, la relación con otras religiones, el clericalismo y el poder de los laicos, la corrupción en el Banco del Vaticano y dentro de la Curia Romana. Glendon describe críticamente el funcionamiento interno de la Santa Sede, pero muestra que, a pesar de sus errores, la Iglesia católica es una comunidad viva que respira.
- Actividad jurídica en estos años
Estos compromisos institucionales con la Iglesia Católica, no mermaron su producción jurídica que culminó en dos nuevas publicaciones, en las que apela, por una parte, a recuperar las virtudes cívicas que permiten superar el individualismo egoísta y contribuyen a generar un compromiso con la comunidad, y por otra parte, centrada en las profesiones jurídicas, a recuperar su enorme valor para la vida social y a reorientarlas hacia la búsqueda de la justicia y no convertirlas en una mera fuente de negocio y lucro.

Seedbeds of Virtue: Sources of Competence, Character, and Citizenship in American Society, co-editado con David Blankenhorn (Madison Books, 1995). Se trata de un libro colectivo en el que, todos los destacados juristas que participan coinciden en subrayar una idea fundamental (que es la que inspira la vocación jurídica de Glendon y que la acerca al diagnóstico que ya hiciera Alasdair MacIntyre en su famosa obra After Virtue): las sociedades democráticas liberales, como la estadounidense, han generado un creciente y preocupante individualismo que ha hecho desaparecer la búsqueda de ‘virtud’ personal y del compromiso ciudadano. En este sentido abogan por recuperar la centralidad de la familia como el más importante semillero (‘seedbed’) de valores morales. Por ello, su grave deterioro propicia el grave deterioro de la vida pública estadounidense. Todos coinciden con Gelendon en que los grandes ideales como la vida virtuosa, la búsqueda de la justicia y el patriotismo, que siempre presidieron el horizonte vital de la gente corriente, se han visto sepultadas por un irrestricto afán de libertad y de autoafirmación del yo que sólo busca la satisfacción de deseos y que abomina de toda idea de bien común. Este mensaje propio de la posmodernidad, propalado por los intelectuales y asumido por los juristas, está convirtiendo el Derecho en un juego de poder y dinero, olvidado por completo que virtudes como la sinceridad, la honestidad, la búsqueda de la verdad, la justicia, en definitiva, son absolutamente necesarias para que pueda hablarse de una verdadera libertad.
Todo este telón de fondo lleva a Glendon, al año siguiente, a realizar un análisis especialmente duro sobre el ejercicio de la profesión de abogado en una obra titulada: A Nation Under Lawyers: How the Crisis in the Legal Profession is Transforming American Society (Harvard University Press, 1996). Se ofrece aquí un retrato algo sombrío sobre las turbulencias que afectaban al ejercicio de la abogacía en los Estados Unidos, al filo del tercer milenio. A su entender, la profesión jurídica se encuentra entre las más demandadas y resulta bien valorada por la sociedad; sin embargo, los abogados se quejan de que ‘gobiernan los hombres y no las leyes’, piensan que las reglas del juego han cambiado, que los estándares éticos son ahora muy laxos y confusos, que el Derecho se ha convertido en un negocio de mercado como cualquier otro y todo ello desemboca en altos niveles de insatisfacción y un incremento de quienes buscan alternativas al ejercicio. Glendon se pregunta por las causas de esta desafección y concluye que es necesario recuperar en la enseñanza del Derecho, en la judicatura y en la legislación, los valores clásicos del Estado de Derecho que son el imperio de la ley, la garantía de la justicia y la defensa de los derechos humanos, además de revitalizar los elementos clásicos de la ley: generalidad, claridad, seguridad, certeza, previsibilidad, rigor e institucionalidad.
En 1997 fue nombrada miembro del Consejo de bioética y Asesora en esta materia del Presidente de los Estados Unidos. También ingresó en el Consejo Asesor sobre Derechos Humanos de la Universidad de Harvard y presidió el Observatorio de Derechos Humanos de la Harvard Law School. En esa época fue también incluida como miembro del consejo editorial de la prestigosa revista jurídica American Journal of Comparative Law. Todo ello le llevó a ser designada, en 1998, por The National Law Journal, como una de las “cincuenta juristas más influyentes de América”.
Una muestra de la firmeza de sus convicciones morales tuvo lugar cuando rechazó recibir la Medalla Laetare, el premio más importante que otorga la Universidad de Notre Dame, en el acto de graduación de 2009, por la decisión de la universidad de condecorar a Barack Obama en ese mismo acto, justo cuando acababa de promover las políticas ‘pro choice’ favorables al aborto sin cortapisas por decisión de la mujer. Glendon consideró que la decisión de Notre Dame, una de las más importantes universidades católicas de los Estados Unidos, contradecía el pronunciamiento de la Conferencia Episcopal norteamericana que, en 2004 prohibió a las instituciones católicas otorgar “premios, honores o plataformas” a “aquellos que desprecian los principios morales fundamentales de la fe católica” y denunció que Notre Dame la estaba usando para ofrecer una apariencia de equilibrio en el acto, entendiendo que esto supondría un grave precedente para el resto de instituciones católicas de enseñanza.
- La defensa de los derechos humanos
Como ya hemos apuntado, la entera trayectoria jurídica de Mary Anne Glendon está jalonada por una profunda convicción: el fundamento del Derecho se encuentra en la defensa de los más vulnerables a través de la garantía de los derechos humanos y a ello se dedicó con pasión desde le primer momento de su carrera profesional. Ya hemos mencionado los comités de derechos humanos de Harvard a los que pertenece. Pero además, Glendon fue mentora de Mike Pompeo, exsecretario de Estado de los Estados Unidos, cuando éste estudiaba en la Facultad de Derecho de Harvard. Cuando accedió al cargo, Pompeo la nombró en julio de 2019 presidenta de la Comisión de Derechos Inalienables del Departamento de Estado, creada por él para examinar el respeto a los derechos humanos en la política exterior de Estados Unidos. Con motivo de ese nombramiento, Glendon publicó una obra extraordinaria, relatando el complejo proceso de gestación y aprobación de la Declaración Universal de 1948, en el que destaca la gigantesca figura de Eleanor Roosevelt: A world Made New (en su traducción castellana: Un Mundo Nuevo: Eleanor Roosevelt y la Declaración Universal de Derechos Humanos, FCE 2012).
Utilizando como hilo conductor la participación de Eleanor Roosevelt en la constitución de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, Glendon examina la realidad de las coyunturas y los intereses geopolíticos que obstaculizaron el proceso de redacción de ese texto fundamental. También estudia la naturaleza filosófica y jurídica de la Declaración y, a más de seis décadas de distancia, analiza la vigencia y la necesidad de readaptar a la realidad contemporánea los principios establecidos aquel 10 de diciembre de 1948.
- La compleja relación entre el pensamiento y el poder político
Para culminar esta breve semblanza es necesario hacer referencia a la figura de Glendon como un auténtico paradigma en la siempre compleja y turbulenta relación entre el pensamiento y el poder, entre quienes ocupando un papel relevante en la escena política no abdican de sus convicciones morales ni profesionales. Su vasto y profundo conocimiento de los autores clásicos, a los que considera una fuente inagotable de inspiración para el Derecho, le permite analizar este choque frecuente de realidades en los grandes pensadores que lo sufrieron, desde Platón hasta Eleanor Roosevelt, pasando por Cicerón, Maquiavelo, Locke Hoobbes, Rousseau o Burke. Este delicioso y denso recorrido, puede encontrarse en su libro: The Forum and the Tower: How Scholars and Politicians Have Imagined the World, from Plato to Eleanor Roosevelt (2011).

Glendon tiene claro que el pensamiento, las ideas son las que promueven el cambio político y social, aunque frecuentemente tratan de ser controladas, manipuladas o tergiversadas por el poder político. Y confirma esta tesis, rastreando esa problemática relación desde la época griega, al Imperio Romano, la Italia del Renacimiento, la revolución inglesa, la era federalista en los Estados Unidos, la Revolución Francesa, las guerras napoleónicas, el Concierto de Europa, la era progresista y la era del New Deal/Segunda Guerra Mundial. Con ese recorrido histórico pretende demostrar que los intelectuales y los políticos pueden trabajar juntos y hacerlo productivamente. Y el ejemplo más evidente de ello ha sido la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, fruto del trabajo conjunto de un grupo de filósofos y teóricos políticos liderados por Eleanor Roosevelt. Esa declaración tuvo un efecto crucial en la política mundial, revolucionando la configuración de los estados y generando una nueva cultura jurídica mundial.
Como conclusión a sólo cabe decir que la figura de Mary Anne Glendon constituye uno de los legados morales, jurídicos y políticos más significativos y trascendentales de nuestra época reciente. Acercándose a su obra se descubre la huella de una ‘maestra’ del Derecho, que sin duda puede y debe situarse a la altura de Fuller, Hart, Dworkin o Rawls.
